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Sobre los medios digitales

Debido a la ubicuidad de la información que nos brinda ahora la era digital, el estudiante encuentra vacío el objetivo, antes soñado por muchos académicos, de leer, conocer, investigar, integrar y aprender. En la escuela de medicina no es infrecuente ahora encontrar una inquietante tranquilidad del estudiante neófito, artificialmente seguro de poder encontrar la respuesta a cualquier pregunta en alguna red social, sin lograr estimar la difícil tarea que planea enfrentar.

“La necesidad de adaptabilidad que pide hoy el mundo del trabajo ante las nuevas fronteras del conocimiento, el tipo de persona que ha de interaccionar positivamente en un mundo diverso e interconectado, los flujos humanos que comparten sus identidades en sus tránsitos migratorios, etc., demandan a la escuela, y muy fundamentalmente al currículum escolar, una serie de aprendizajes concretos y transferibles a un gran número de situaciones” (Stiefel, 2016)

Sin embargo, la falsa seguridad con la que nacen nuestros estudiantes nativos digitales, gracias a la tan deseada accesibilidad a la información a través del internet, fomenta que subestimen la complejidad y la profundidad de las competencias necesarias para profesiones tan exigentes como la que atentan dominar. Fenómeno que arriesga la calidad de su formación, sus competencias y la salud de sus futuros pacientes.

“La competencia supone la capacidad de afrontar demandas complejas, en un contexto determinado, poniendo en relación y movilizando prerrequisitos psicosociales que incluyen aspectos tanto cognitivos como no cognitivos” (Stiefel, 2016)

“El profesor puede hacer su ‘plan de clase’, documentar e integrar actividades acordes e ir evaluando sistemáticamente. El trabajo planificado del docente prima (teniendo siempre presente al estudiante) y facilitará la creación de su propio paquete didáctico” (Molina, 2016). Paquete que deberá siempre buscar mejorar debido a las exigencias de los nuevos escenarios educativos en la era digital.

“El conocimiento que se imparte, debe constituir para el estudiante una experiencia de aprendizaje, donde él mismo será guiado por una evaluación sistemática, enriquecida de representaciones y estrategias, que permitirán la articulación exitosa de los aspectos contemplados” (Molina, 2016).

Tres áreas que sin lugar a dudas ponen de manifiesto cambios necesarios en los procesos didácticos utilizados serían: el desarrollo de competencias digitales críticas, la personalización del aprendizaje con atención a la diversidad e inclusividad, así como un aprendizaje autónomo sólido y autoeficacia.

Lejos de prohibir la incorporación de las TICs en el entorno clínico, se deben integrar escenarios médicos que promuevan el análisis crítico de la información obtenida en las fuentes digitales. Debates, análisis de casos de preferencia interdisciplinarios y proyectos académicos que requieran la continua re-evaluación de fuentes digitales.

Es crucial emplear tecnologías que faciliten la colaboración, no que sustituyan la opinión del médico, promoviendo trabajos interdependientes que fomenten la confianza basada en la resolución de problemas de forma independiente y cooperativa.

“Innegablemente, la planificación de la dirección de clases tiene que ver con los cuatro pilares de la educación que propuso Delors (1994) en ‘La educación encierra un tesoro’. Allí, el autor expresó que aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a vivir juntos, aprender a vivir con los demás y aprender a ser son las competencias para el futuro” (Molina, 2016).