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Las Formas de Enseñar

Siempre que intentamos realizar una actividad docente, nos preguntamos de forma casi intuitiva: ¿Estoy enseñando bien? Esa reflexión metacognitiva nos lleva a buscar nueva información para iluminar nuestro continuo juicio. “Se puede aprender didáctica de muchas maneras: observando, leyendo, a partir de intuiciones, pensamientos y deseos, pero difícilmente se podrá aprender didáctica si no hay un acercamiento concreto y real a los estudiantes” (Gascón, 2008, p. 108). Además, “ni las mejores palabras, ni los más claros ejemplos, ni las más estudiadas planificaciones nos harán saber quiénes son nuestros alumnos, qué necesitan, qué desean o qué piden de nosotros…” (Gascón, 2008).

“La didáctica no es una manera de hacer. Es una manera de darse” (González, 1993, como se citó en Gascón, 2008)

Por lo tanto, es esencial crear vínculos saludables con el estudiantado que nos permitan conocer sus saberes y el contexto de vida en el que desarrollan su proceso de aprendizaje, tomando conciencia “…del papel fundamental que tienen en nuestra tarea los vínculos, la comunicación, el acompañamiento, la contención y el afecto (Gascón, 2008).

Para la ejecución de nuestra intención docente, es propio el conocimiento a detalle de los distintos métodos activos de aprendizaje, para su correcta impementación y adaptación en nuestro ejercicio didáctico cotidiano. “Los modelos didácticos constituyen una representación explicativa y reguladora del proceso de enseñanza-aprendizaje… nos van a servir de base para configurar un currículo, diseñar materiales de enseñanza y orientar nuestra propia praxis” (Gómez, 2015)

Éste enfoque me resulta efectivo para abordar los temas de trastornos ácido-base en la práctica clínica, ya que permite a los estudiantes interactuar con escenarios clínicos que reflejan situaciones reales, logrando un comprensión profunda y aplicada de la gasometría arterial. A mi consideración el APB en este taller no solo facilita la adquisición de conocimientos teóricos, sino que también promueve habilidades críticas como la resolución de problemas, el trabajo en equipo y el pensamiento interdisciplinario.

Al involucrar a los estudiantes en debates y soluciones, se simula un entorno realista donde deben formular diagnósticos y propuestas terapéuticas. Y con el diseño de las competencias específicas a construir, se desarrollan habilidades cruciales para su futura práctica médica. En conclusión, el ABP en este contexto fortalece la capacidad de los estudiantes para enfrentar y resolver problemas complejos, preparando de manera integral a los estudiantes de medicina.

“En la construcción de materiales didácticos significativos debemos conocer qué esquemas conceptuales tienen nuestros alumnos, ordenar los contenidos desde los más generales a los más específicos para poder avanzar progresivamente… relacionar los conocimientos previos con los nuevos, partir de ejemplos concretos y cercanos que ayuden y refuercen los aprendizajes” (Gallego y Mata, 2005, como se citó en Gómez, 2015)